martes, 17 de febrero de 2009

Silencio

Cada palabra que escribo se rehúsa a estamparse, a pasar por el rápido túnel que une mi cabeza con mis manos. Rechazan aquietarse, agruparse y engendrar los pensamientos que hoy me inquietan. 

  

Silencio 

Es la palabra que abre el telón esta noche. 

Esforzarse para escuchar insignificantes monólogos (sí, insignificantes porque el rencor me hace desmeritarlos), que serían gratamente soportables si uno recibiera su paga, la paga por esos segundos de atención. Y uno calla. Calla porque sabe lo importante que es tener un oyente para esas inquietudes cotidianas. Calla porque sabe que tiene que callar para oír. Pero todo es deuda. Y después de tu respetuoso silencio, no llega tu alivio; llega otro monologo y me obliga a sentarme nuevamente en la butaca y esperar. 

Y entre tantas palabras vanas, se infiltra algún que otro cuestionario corto e hiriente (que una se ve obligada a responder por cordialidad): me separo de mi boca que, muy falsamente entusiasta y segura, pronuncia dos o tres sonidos, dejando cómoda a la audiencia, pero no a mí. 

Porque cuando ya los oídos ajenos no se interesan en tus palabras, no queda más que dedicarse a dialogar con uno mismo. 

Y si ya nadie se oye, y porque ya no quiero oírlos, mejor me tomo el buque. 

“Sur ses levrès, sur ses levrès”. Una y otra vez. 

 Entre ruidos de copas, risas sutiles y música, me alejo y desperezo a mis ojos. Pretendo leer los labios de un hombre, que se despegan y unen nuevamente para fecundar frases, que sólo su destinataria escucha y yo imagino ( para así tener mi dosis de cine mudo). 

Estoy inmersa en un silencio cómodo, en el preludio de mi obra. 

Tengo libertad para hablarme tanto como quiera, de lo que quiera y de la forma que sea. No espero respuestas correctas ni debo explicaciones coherentes. 

Es una especie de columpio en el que me balanceo hasta decir basta y caigo a mi dialogo “real” nuevamente. 

Esa ausencia de bullicio, y esa retroalimentación sincera conmigo misma, es lo que reafirma mi soledad, que por cierto esta noche esta de gala. 

Y con una actitud un tanto egoísta, me quedo en este mi silencio (que yo compongo y que yo deshago), con esta soledad fiel y confortable como la palabra que seguramente él le está diciendo al oído.

1 comentario:

Juli dijo...

"Porque cuando ya los oídos ajenos no se interesan en tus palabras, no queda más que dedicarse a dialogar con uno mismo.

Y si ya nadie se oye, y porque ya no quiero oírlos, mejor me tomo el buque. "

A esta misma conclusión he llegado hace apenas un tiempito. Insisto. Me gusta tu blog. Tu espacio. Pasaré más seguido a ver tus posteos. Tus escritos. Veo que es nuevo el blog. Por las fechas deduzco. Así que espero que no te desanimes y sigas posteando tus escritos.